sábado, 13 de octubre de 2012

Rosa María Calaf, una periodista trotamundos.

 
Viajera incansable, curtida por numerosos conflictos y testigo directo de las mayores proezas, infamias y dramas humanos de los últimos cuarenta años. Rosa María Calaf desde que en 1983 se hace con la corresponsalía de Moscú, ha sido un no parar, haciendo de su profesión su vida.


Desde Moscú, nos relató acontecimientos como la Perestroika de Gorvachov y el desmoronamiento de la URSS tras la caída del Muro de Berlín; en la corresponsalía de Viena para los países del Este-Balcanes, nos mostró las nuevas realidades de los países ex soviéticos; en la corresponsalía de Buenos Aires para América del Sur, fue testigo de la puesta en marcha de las democracias en Latinoamérica; como corresponsal en Nueva York, vivió la época Reagan, la consolidación del modelo 'neocom', la crisis del viejo periodismo estadounidense y de las grandes cadenas generalistas (NBC, CBS y ABC) ante las nuevas formas de hacer de la CNN; y durante su estancia en Roma, pudimos conocer las tensiones políticas entre el Estado italiano y el Vaticano; hasta su último destino Asía-Pacífico y China, con el efecto devastador del Tsunami, los conflictos de China con el Tibet, así como los juegos olímpicos de Beijing fueron sus últimos testimonios de su labor profesional como corresponsal.


En sus veinticinco años como corresponsal y treinta y siete como profesional de RTVE, ha conseguido que sus crónicas sean toda una lección magistral a futuras generaciones sobre lo que debe ser la esencia del buen reporterismo.

Rosa María Calaf en un viaje por África, verano de 1973.

Ya, pocos quedan de la estirpe y categoría de Rosa María Calaf, de esos periodistas con oficio, profesionalidad y saber estar, sin postularse como protagonista de la noticia, simplemente como narradora eficaz y discreta. Periodista comprometida, que contó lo que los demás silenciaban, allí donde se produce la noticia, con sus protagonistas, sin hacer espectáculo de ello.


Premio a toda una vida recibido de la Academia de la Televisión.

Muy crítica con la situación de degradación del periodismo actual, con el papel de los medios de comunicación que anteponen el negocio a su función social. Hasta el punto de considerar más importante estar en el lugar de la noticia en su afán por el culto a la instantaneidad a saber lo que realmente pasa. Donde noticias que deberían llevar el calificativo de trágicas, dramáticas e intolerables, se sustituye por el de espectaculares. Resulta paradójico que cuando la realidad ha sido más mediatizada y más acceso tenemos a  lo que sucede, es cuando menos informados estamos. Ahora tenemos más medios que nunca, pero con el mismo mensaje. Por otro lado, el desarrollo de los medios y las nuevas tecnologías han conectado todo el planeta, sin embargo, los temas de internacional ocupan cada vez menos espacio y su tratamiento es cada vez más superficial. Las noticias se acortan, pone el ejemplo de su referencia personal, en 1983, cuando era corresponsal en Nueva York, una crónica de Telediario en España era de tres minutos; en 1988 en su puesto en Moscú era de algo más de dos minutos; en Buenos Aires después se pasó al minuto cuarenta y cinco; en Roma, en 1996, minuto y medio y en Asia-Pacífico conseguir un minuto diez era una proeza.

Transmisión realizada desde un avión para el TD2 sobre el terremoto de Sichuan.

Sin embargo a pesar de pasar por situaciones difíciles cubriendo muchas zonas del Planeta convulsas, en sus treinta y siete años de profesión, ha sido una carta de prejubilación quien la ha quitado de en medio de forma totalmente injusta, con todo un bagaje conseguido a base de la experiencia dan los años, se antepuso la edad a cualquier otra razón. Ya sólo nos queda en el recuerdo su buen hacer a través de sus crónicas desde cualquier parte del mundo, por su peculiar mechón plateado, que la diferenciaba y singularizaba de los demás, como si un animal en extinción se tratase, pero siempre desde una posición combativa y nunca por encima de la noticia. 


Su último trabajo para TVE fue un reportaje para En Portada sobre la democracia en Filipinas. Sin duda, resulta de lo más significativo al recordarme a Los últimos de Filipinas, aquel hecho histórico que marcó un antes y un después en la historia de España, que llevado al periodismo daría para la reflexión y preocupación.


En la actualidad, Rosa María Calaf se dedica a ofrecer a los demás lo que ella aprendió, especialmente a futuras generaciones de periodistas a través de conferencias por Universidades. Desde 2009 ostenta la presidencia del Centro Internacional de Prensa de Barcelona.
  

sábado, 6 de octubre de 2012

25 años de la serie infantil 'Érase una vez la vida'.

Seguramente recordaréis esta cabecera y sintonía...


El 3 de octubre de 1987 se estrenaba en la primera cadena de TVE la serie infantil Érase una vez la vida. No tendría mayor relevancia si no fuera que esta serie a parte de convertirse en todo un fenómeno entre los niños y niñas de los 80 y 90, vino a significar que en televisión divulgación y entretenimiento pueden ir perfectamente unidos de la mano.

 Albert Barillé.
 
Su creador fue Albert Barillé, un productor y guionista francés que siempre mostró gran preocupación por la educación y formación de los más jóvenes. Tal es así que decide volcar todo su talento y creatividad en la producción de series animadas de gran valor didáctico fundando su propio estudio de animación Procidis. Una factoría de la que surge la primera trilogía de Érase una vez…que comenzó con El Hombre, continuó con El Espacio y concluyó con El Cuerpo Humano (en España fue conocida como Érase una vez la vida). A esta trilogía siguió una segunda dedicada Las Américas, Los Inventores Los Exploradores, aunque esta ya no conseguiría la popularidad de la primera además de contar con una menor calidad. Esto llevó a Barillé a cerrar la saga Érase una vez… con Nuestra Tierra emitida en 2008, para la que se llevó a cabo un nuevo diseño los personajes. Una saga Érase una vez... que tuvo como denominador común conseguir familiarizar a los niños con la cultura y despertar su interés y curiosidad por todo aquello que les rodea.


TVE emitió desde 1979 las primeras entregas de Érase una vez…correspondientes a El Hombre y El Espacio, pero fue con Érase una vez la vida en la que da un paso más al participar en su producción, propiciado por la nueva política de apertura internacional en la divulgación cultural se había marcado la dirección de TVE bajo mandato de Pilar Miró. Esto trajo consigo importantes adquisiciones y coproducciones para la cadena pública. Por otro lado, cabe destacar la importancia llegaron a tener las series de animación, que ayudado por la menor competencia al existir un menor número de canales, resultaban de lo más rentable ocupando franjas destacadas de la programación en televisión.


Érase una vez la vida cuenta con veintiséis episodios de veinticinco minutos de duración cada uno. Cada capítulo es un apasionante viaje al interior del cuerpo humano donde se muestra la anatomía y el funcionamiento de los diferentes órganos, y se enseña a cuidar de la salud y a prevenir enfermedades. Todo ello contado de forma sencilla y amena a través de las aventuras de unos personajes bien definidos y representativos, lo cual permitía a los niños identificar claramente quienes eran los buenos de los malos, y qué conductas eran saludables de las que no lo eran.


El sabio Maestro junto a sus dos ayudantes.

Entre los  personajes de la serie cabe mencionar al Maestro, un anciano sabio de larga barba blanca que ocupa la sala de mandos del cerebro. Como humanos estaban Pedro, su madre, sus amigos Gordo y Psi. Todos ellos tenían sus equivalentes en el interior del cuerpo humano, representando bien a las defensas o aquellos otros elementos contribuían al correcto funcionamiento del organismo, como es el caso de los glóbulos rojos.

Globus, Hemo y Globina.
  
En el lado opuesto estaban Tiñoso y Enclenque, representando a las bacterias dañinas y virus, los cuales siempre estaban armando alguna de las suyas con tal de poner el peligro el correcto funcionamiento del cuerpo humano.

Enclenque.

Aparte, existían unos pequeños humanoides vestidos con mono y gorra azul que representaban a las enzimas, unos pequeños insectos voladores en representación de los anticuerpos, también unas figuras redondas caracterizadas por su carácter bromista en representación de las plaquetas, o los propios mensajeros del sistema nervioso, unos seres diminutos azules con cresta, entre otros muchos. En la serie eran muy frecuentes las batallas libraban las defensas contra las infecciones o las continuas emergencias del cuerpo humano, de las cuales daban cuenta los dos asistentes del Maestro haciendo que este se despertase de sus largos y placenteros sueños y así poder ejercer el control del organismo. Una serie que aún estando pensada para un público comprendido entre los seis y doce años fue hecha desde el mayor rigor científico y con una destacada labor de documentación que el propio Barillé asumió de cara a la  elaboración de los guiones de la serie, además de contar con el apoyo del periodista científico Alexander Dorozynski, y con la revisión de todos los capítulos por parte de Joel de Rosnay, quien fue presidente del Centro francés de investigación científica.


El éxito de Érase una vez la vida traspasó las pantallas convirtiéndose en todo un fenómeno editorial, que a pesar de los años continúan sacándose fascículos y correspondientes DVD de las series de Érase una vez… estando entre las de mayor tirada la correspondiente a El Cuerpo Humano, que en la actualidad va por la vigésima edición, pues tanto los libros, DVD y complementos anatómicos siguen constituyendo un importante material de apoyo en el aprendizaje de la anatomía y procesos básicos del cuerpo humano para cualquier escolar.