sábado, 17 de septiembre de 2011

Verónica Mengod, la chica ‘pelipetirroja’ de 'El Kiosco'.


Durante los 80, la Televisión vivió su época dorada en lo que a programación infantil se refiere, pues la oferta fue de lo más variada y completa a pesar de contar con sólo dos cadenas nacionales y unas autonómicas incipientes. Una época en la que los programas infantiles estaban en boga y constituían todo un referente para los más pequeños. Fuimos muchos los que crecimos viendo a media tarde nada más de salir del colegio muchos de estos programas que hacían de nuestras delicias y que albergaban a nuestros ídolos infantiles de entonces. Hoy me quiero fijar en uno muy particular para quien escribe, El Kiosco, y a quien fue su presentadora, Verónica Mengod, dedicando así, este Inolvidable.

Cabecera y sintonía del programa El Kiosco.

El Kiosco vino a suceder al mítico programa infantil Dabadabadá, y al igual que este contaba con el mismo director Ramón Pradera, emitiéndose en TVE1 desde 1984 a 1987 por las tardes, primero de lunes a jueves de sólo media hora para pasar a emitirse únicamente los jueves ya con una hora de duración.


La parte novedosa de El Kiosco estaba en su estética moderna y colorista y en su presentadora, una atractiva y joven pelirroja de diecisiete años, Verónica Mengod a la que acompañaba un nuevo muñeco de la factoría de marionetas de Jim Herson, Pepe Soplillo, creado en esta ocasión en exclusiva para TVE, y al que daría vida con su voz peculiar uno de los actores de mayor recorrido televisivo, Pepe Carabias.


Pepe Soplillo era todo un personaje, caracterizado por su pequeña nariz y pecosas mejillas aparte de sus marcadas orejas de soplillo, vestía una gorra y camiseta azul con las iniciales "PP", era de lo más travieso, holgazán, quejica y caprichoso pero Verónica conseguía sacarle su parte más tierna y bondadosa al apretar su morro, resultando de lo más entrañable. El tándem Verónica y Pepe Soplillo fue el mayor acierto del programa, enseguida consiguen el cariño y admiración de los más pequeños ganándose así la consideración de mitos infantiles, y quedando para la posteridad expresiones, como “pelipetirroja” que era como llamaba Pepe Soplillo a Verónica, o “tienes las orejas de pepe soplillo”.


El Kiosco cumplió con el objetivo se había propuesto TVE en lo que a la programación infantil se refiere, que era entretener formando, y ello fue posible gracias a la variedad de contenidos del programa marcado por un trasfondo educativo a la vez que se incitaba a desarrollar ciertas habilidades entre los más pequeños. Aparte, el equipo del programa estaba conformado por el dibujante José Ramón Sánchez, muy conocido por el público infantil de su etapa en Sabadabadá, el cómico argentino Joe Rigoli  que se encargó de un concurso en el que había que adivinar refranes letra a letra sirviéndose para ello de una ruleta, o un jovencísimo Alberto Closas Jr. que trataba de despertar el interés de los niños por la ciencia en una sección en la que ponía a prueba fórmulas y experimentos.

Verónica Mengod cantando la sintonía principal de El Kiosco.

La música también fue una parte fundamental de El Kiosco con el ballet de Víctor Ullate y los Baby Discos, aquellos minivideoclips que versionaban los éxitos del momento. El Kiosco contó con números artísticos, poemas de Joaquín Díaz, alguna tira animada y la interpretación del tema principal por la propia presentadora. El Kiosco se realizó desde el Estudio 1 de Prado del Rey, aún así contó con algunos especiales hechos en exteriores, destacar el que se llevó a cabo desde las Torres Gemelas de Nueva York.



Verónica Mengod es hija del compositor Julio Mengod, muy conocido por sus trabajos  musicales para programas míticos de TVE, entre los que se encuentra el  propio El Kiosco. Verónica, de pequeña, su vocación siempre fue ser actriz, y vio que la televisión podría ser su mejor escaparate y así poder demostrar sus habilidades artísticas. Con la ayuda inestimable de su padre que la ponía al corriente de las pruebas de selección para diferentes programas tenían lugar en TVE. Se presentó primero para un programa de corte informativo de la por entonces todavía UHF (actual La 2), llamado Nosotros, no resultando seleccionada. Después surge la oportunidad de El Kiosco, en donde encajaba a la perfección por el perfil de presentadora buscaban, que era el de una chica joven, alta, guapa, que supiese hablar claro, además de saber cantar y bailar. Con el fin de evitar el posible enchufismo se presentó a las pruebas con un nombre falso, resultando elegida al final, viendo así cumplido uno de los sueños tenía desde los cinco años, que era poder cantar y bailar. Y a igual que Momo, aquella niña que tenía muchos amigos, y que dio nombre a una de las novelas de Michael Ende, siendo uno de los personajes favoritos de las lecturas de infancia de la propia Verónica, no sólo consiguió gracias a El Kiosco la amistad de cientos de miles de niños, también se convirtió en uno de los ídolos infantiles de los 80.


Tras un breve paso por el magacine matinal Por la mañana de Jesús Hermida participa en el concurso el Precio Justo acompañando a Joaquín Prat en las labores de presentación como “chica del ordenador” entre 1988-90. Ya en 1990 tendría la oportunidad de presentar Aventura 92 con Miguel de la Cuadra Salcedo, y en 1992 el concurso Banesto 92, la olimpiada.

Verónica Mengod en el personaje de Paloma junto a Carlos Morote en el de Cristóbal en la serie ¡Ala...Dina!.

Tras pasar tres años estudiando Arte dramático debuta como actriz en 1998 en la telecomedia La casa de los líos de Antena 3 en el papel de una experta jugadora con pasado oscuro que Arturo Valdés (Arturo Fernández) contrata como croupier para el casino que decide montar después del fracaso de su tienda. A esta serie siguieron otras entre las que cabe destacar Señor Alcalde 1998 en Telecinco, ¡Ala... Dina! 2001, Paraíso o la telenovela de sobremesa Luna negra 2003, estas últimas en TVE. En 2004, retoma su faceta de presentadora sustituyendo a Belinda Washington en el espacio de TVE Padres en apuros, en el que se mantiene hasta 2005. Ya en 2006 participó como concursante en el concurso de patinaje sobre hielo de Telecinco Desafío bajo cero.


Y a todo esto añadir su trabajo como modelo publicitaria y el haber realizado alguna que otra película, siendo la última de 2009, The sindone. Sin olvidar su faceta de madre que siempre ha tenido como prioridad en su vida, así como, su incursión en el mundo de los negocios dedicándose a la comercialización de cruceros de lujo por las islas Maldivas.


Para finalizar, me quedo con la frase encabezaba el tema principal de El Kiosco, donde se nos invitaba a tener un sentido alegre y optimista ante la vida:

Si tus cosas no van muy bien, no te apures, alégrate, todo tiene solución...


viernes, 2 de septiembre de 2011

Rosa María Sardà, 'ahí te quiero ver'.


Si tenemos que destacar un año en la carrera profesional de Rosa María Sardà, sin duda ese será el 2010, al ser distinguida con la Medalla de Oro por parte de la Academia del Cine, en reconocimiento a toda su trayectoria profesional y contribución al cine español, siendo entregada por el entonces presidente, Álex de la Iglesia, el cual explicaría el motivo por el que le fue concedida: por ser una alquimista capaz de convertir en oro todo lo negro, lo dadaísta, en normal y lo trágico, en cómico; definiéndola a su vez como: la acotación en el teatro, el 'off' en el cine y la verdad en la televisión.


Rosa María Sardà es sobre todo una mujer fiel a si misma, amiga de sus amigos, comprometida, rebelde, atrevida, sarcástica, irónica, pero sobre todo con un gran sentido del humor. Además de contar con gran talento interpretativo, capaz de invertir lo dramático en cómico y viceversa. Incluso, su gran versatilidad la ha llevado a presentar programas de televisión o convertirse en maestra de ceremonias de los Goya durante varios años. Toda una show-woman y una de las actrices más completas de nuestro país.


No es para menos, ya lleva más de cuarenta años en la profesión. A lo largo de su vida interpretativa ha conseguido hacernos reír a la vez que llorar. Siempre ha tratado de hacer aquello en lo que creía y podía servir a los demás, aunque para ello tuviese que pagar un alto precio y pasar por ciertas penurias económicas. Además de sentir la necesidad de que la mejor forma de llevar la tarea de interpretar es implicarse hasta el punto de conseguir junto a una buena relación profesional, también, una buena amistad, e incluso, a poder ser llegar al hermanamiento.


En más de una ocasión ha dicho que sus mejores trabajos han sido aquellos que ha realizado con sus mejores amigos. Tres son los nombres que ha reconocido como fundamentales y clave en su carrera. Por un lado, Terenci Moix, con el cual mantuvo unos lazos de amistad muy intensos y perdurables, interpretando a lo largo de su vida profesional varias de sus obras hechas para teatro y televisión. Por otro lado, Joseph María Benet i Donet, con el que tuvo su primera oportunidad como protagonista en televisión con Una vella, coneguda olor 1975, a las que siguieron innumerables obras para teatro y televisión. Y por supuesto, Ventura Pons, el primero en darle un papel como protagonista en el cine, con el Vicario de Olot 1981, además de haber colaborado con el en muchas de sus películas debido a la extraordinaria compenetración existió entre ambos, convirtiéndose en su director fetiche por excelencia.



Rosa María Sardá, desde su niñez ya tenía claro que su vocación era ser actriz. Sus inicios no fueron fáciles. Autodidacta, siendo muy joven tuvo que ganarse la vida vendiendo enciclopedias para poder pagar sus clases de interpretación.

Cabecera del programa Festa Amb Rosa María Sardà 1979.

Muy vinculada en sus comienzos al teatro, y en especial a  la escena barcelonesa, destacó sobre todo en la comedia, género que le ha dado reconocimiento y que la ha llevado por todos los escenarios posibles. Así, en el teatro su primer éxito llegó en 1969 con la obra el Knack basada en un texto de Terenci Moix y dirección de Ventura Pons. También pasó por la televisión donde obtuvo una enorme popularidad gracias a dos seriales un tanto excéntricos para la época como fue Festa amb Rosa María Sardà y Les nits de la tieta Rosa, ambos emitidos en el circuito catalán de TVE en plena transición, junto a otros programas como Per molts anys, Ahí te quiero ver o Olé tus videos, este último un espacio de videos domésticos que se emitió a principios de los 90 a través de varias televisiones autonómicas. Y no iba ser menos en el cine, participando en películas como Moros y cristianos 1987 de Luis García Berlanga, ¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo? 1992 de Manuel Gómez Pereira, por el que consigue el premio Goya a la mejor interpretación femenina de reparto, El cianuro...¿solo o con leche? 1993 de J. M. Ganga, Escenas de una orgía en Formentera 1995 de F. Bellmunt, El efecto mariposa 1995 de Fernando Colomo, La duquesa roja 1996 de Frances Betriu o Actrices 1997 de Ventura Pons.

En Wit, Rosa María Sardá da vida a una profesora de literatura que se enfrenta a una grave enfermedad de cáncer de ovarios, encontrándose en fase terminal. Vivian Bearing, es su personaje, una especialista en el gran poeta inglés del siglo XVII, John Donne, cuyos sonetos son un análisis y al mismo tiempo una vivencia en profundidad de la conciencia ineluctable de la muerte y el enfrentamiento del ser humano con ella. El texto de la obra Wit fue galardonado en 1998 con el Premio Pulitzer, siendo su autora la profesora y escritora estadounidense Margaret Edson. Rosa María Sardà recibió en 2003 un Fotogramas de Plata por su interpretación en Wit.

Pero lejos de encasillarse en papeles cómicos, se ha ido abriendo a nuevos registros tanto en teatro, donde ha trabajado a las órdenes de importantes directores de escena como Lluis Pasqual con obras como Madre Coraje de Bertolt Brecht, Wit de Margaret Edson, La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca; con Adolfo Marsillach, en Yo me bajo en la próxima y usted; Mario Gas con Olors de Benet i Jornet, entre otros.

Rosa María Sardà y Ana Álvarez en Las amargas lágrimas de Petra von Kant, donde Rosa, Petra von Kant, da vida una afamada modista y Ana Álvarez, Karin, a una joven modelo, las cuales vivirán una atormentada relación 2001.

En su mayoría, las obras ha representado pertenecen a textos de autores amigos suyos como Terenci Moix, Benet i Jornet, o bien, adaptaciones de autores extranjeros como Brecht, Bequet, principalmente. Para televisión, ha realizado varios Estudio 1 para TVE, entre los más recientes Las amargas lágrimas de Petra von Kant de Rainer Werner Fassbinder, 2001 o Pareja Abierta de Darío Fo, 2002. Y en lo tocante al cine, ha participado en títulos como Suspiros de España y Portugal 1994 de José Luis García Sánchez, La niña de tus ojos 1998 de Fernado Trueba, Anita no pierde el tren 2000 de Ventura Pons, Sin vergüenza 2002 de Joaquín Oristrell, por la que obtuvo de nuevo el Goya a la mejor interpretación femenina de reparto, El viaje de Carol 2001 de Imanol Uribe, El embrujo de Shanghai 2002 de Fernando Trueba, A mi madre le gustan las mujeres 2002 de I. Paris y D. Fejerman, Te doy mis ojos 2003 de Icíar Bollaín, Rivales 2008 de Fernando Colomo o La vida empieza hoy de Laura Mañá, 2010.

Rosa María Sardà y José Coronado en Anita no pierde el tren de Ventura Pons 2000.

Incluso se ha atrevido a dar un paso más dirigiendo y produciendo teatro. Siendo su debut con la obra teatral Ai, Carai 1989 de Benet i Jornet, a la que siguieron L´hostal de la gloria, Fugaç, Shirley Valentine, Le visiteur, Un día cualquiera, Petó public. El teatro en catalán ha sido una constante a lo largo de su carrera profesional.


Sin embargo, es con la televisión y en concreto a través del programa Ahí te quiero ver donde consigue su mayor éxito y reconocimiento por el gran público. En realidad, no fue más que una ampliación de otro programa, Per molt anys, que venía presentando Rosa María Sardá en TVE-Cataluña y con gran aceptación entre los telespectadores catalanes. Lo cual no pasó inadvertido a la dirección TVE en Madrid y decidieron probar a nivel nacional. A pesar del riesgo entrañaba, pues era la primera vez que TVE apostaba por un formato nuevo, y que respondía al estilo de los genuinos talk show americanos, donde generalmente reconocidos y afamados actores y actrices además de presentar, protagonizaban sus propios sketches de humor a la vez que realizaban entrevistas, daban paso a actuaciones musicales e interaccionaban constantemente con el público asistente.


Y lo que en principio había nacido para tres meses, se convirtió en todo un acierto que llevó a su prolongación durante dos temporadas y cuyo éxito permaneció hasta el último programa. Todo gracias a la comicidad y desparpajo de Rosa María Sardá caracterizada por una sutil ironía llena de sarcasmo, convirtiendo aquellas bajadas de escalera en épicas, con aquel contoneo constante de cadera y muecas varias en su rostro al son de una sintonía trepidante, donde una voz en off nos invitaba a presenciar a la presentadora más... de la televisión mundial, que junto a aquel sketch en el que daba vida a una señora de clase alta, en plan dominante y despiadada ante su marido que respondiendo al reclamo de Honorato apenas articulaba siquiera palabra alguna, siendo su única reacción, ante los gestos de desprecio recibía, un tembleque de la mano derecha. De ese sketch nació uno de los "latiguillos televisivos" que más han calado: Honorato ponemos la tele un rato...

 
Enric Pous fallecido en 2001, interpretaba el personaje de Honorato además de recibir a Rosa María Sardà en su intento de bajar cada semana las escaleras del programa de la mejor manera posible.

Cada semana el programa estaba dedicado a un tema y sobre él giraban los sketches, siendo partícipe la propia Sardá tanto en la interpretación como en la confección de los guiones, ayudada por su hermano, hasta entonces un desconocido Javier Sardá. Y de los cuales salieron otros personajes que Rosa María Sardá popularizó, como el de una vieja despistada o la de una pasota que se metía entre el público asistente en el plató. Que junto a las entrevistas a diferentes personalidades de la vida pública y artística y las actuaciones musicales con los artistas más relevantes del panorama nacional e incluso internacional conformaban la esencia del programa. Añadir, durante su primera temporada, 1984-1985, contó con un personaje animado, conocido como Alvarito y que no hacía más que criticar a la Sardá.


La segunda temporada del programa contó con veintiséis entregas, y se desarrolló entre 1986-1987. Contó con mayor presupuesto, que se vio reflejado en un plató más grande, unas escaleras más largas y espectaculares, complicando más si cabe cada bajada con la que Rosa María Sardá trataba de sorprendernos cada semana. Junto al hecho de que en esta ocasión cada emisión tenía a un invitado protagonista. Se unió al plantel de colaboradores de sketches habituales, entre los que estaban Enric Pous, Amparo Moreno y Loles León, el actor Joaquín Kremel. Hubo un serial donde se trataba de descubrir a un posible asesino de la Sardá, y que no era otro que una gemela de la Sardá. A pesar de despedirse esta segunda temporada con enorme éxito de audiencia y el hecho de suponer para Rosa María Sardá su primer TP de oro como mejor presentadora arrebatándoselo a Mayra Gómez Kemp, decidió no regresar con el programa. A partir de ese momento, Rosa María Sardá, no aparecerá en TVE más que de forma ocasional.

Rosa María Sardà en la serie Villa Rosaura.

Así, años más tarde regresaría con su primera serie para televisión Villa Rosaura 1994, una comedia un tanto transgresora dirigida por Manuel Ripoll, en donde se narraba la vida de una familia de vividores que encabezaba Rosa María Sardá dando vida a una ama de casa gruñona y fantasiosa llamada Rosaura, junto a su marido Andrés, Ferrán Rañé que aparentaba ser un ejecutivo y en realidad no era más que un trilero; el abuelo, Don Jaime, Rafael Castejón, el cual tenía como vicio robar principalmente cosas inútiles; el niño Pedrito, Álvaro Ramos, al que inculcaban con los peores ejemplos. Y como contrapunto, estaba Lolita, Eva Isanta, una sobrina de Rosaura venida del pueblo y un tanto ingenua que ejercía de policía municipal. Y por último, Don Cosine, Raúl Freire, era el jefe en plan capo de la familia. Todos ellos vivían en villa Rosaura, calle del Tren número 11, una casa que habitaban gracias a la larga ausencia del verdadero dueño que, al parecer, estaba en Australia.

Rosa María Sardà en la serie Abuela de verano.

No será hasta 2005 cuando regresase con otra serie a TVE, en esta ocasión con Abuela de verano basada en el libro de Rosa Regás, Diario de una abuela de verano. Dirigida por Joaquín Oristrell e interpretada en su personaje principal por Rosa María Sardá en el papel de Eva Sagués. Una abuela a la que acompañaban sus doce nietos de cinco a quince años y que reunía durante el verano en su casa gerundense del Empordá. Una serie coral y familiar que trataba de mostrar ciertos valores y principios de convivencia y respeto por el medio natural y que Eva Sagués pretendía conseguir poner en práctica no sin dificultad siempre contando con la inestimable ayuda de su jardinero Abdel y cocinera Mercedes. La cosa se complicaba, si cabe más, cuando junto a los conflictos originados por los nietos se unían también la de los padres, y que salían a relucir cada vez acudían a pasar unos días reunidos en familia. Abuela de verano supuso un soplo de aire fresco en el panorama de series de aquel momento por su tono de sensatez, naturalidad y compromiso por enseñar una serie de valores a la vez conseguir el público se viese reflejado en aquellas historias. Aún así contó con una única temporada y una audiencia fiel.

Rosa María Sardà durante la Gala de los Goya 2010.

No podía olvidar su faceta de maestra de ceremonias de los Premios Goya que ha desempeñado hasta en tres ocasiones, en 1994, 1999 y 2002 y reapareció como presentadora al final de la Gala de 2010.

Rosa María Sardá muestra su Medalla de Oro recibida de la Academia del cine.

Quiero terminar como empecé, en referencia a la Medalla de Oro recibida por Rosa María Sardà de la Academia del Cine. Y tomando lo dicho por ella al rebibir tan importante galardón, me quedo con esta frase: Haber vivido dignamente un oficio que elegí y tener el aprecio de mis compañeros es el éxito más grande que se puede esperar.